¿Arrepentimiento por algo que has hecho o por algo que no has hecho?

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¿Arrepentimiento por algo que has hecho o por algo que no has hecho?

Existen dos opciones a tener en cuenta: arrepentirte por algo que has hecho o por algo que no has hecho. Yo, sin duda alguna, elijo la segunda. En este artículo os revelo por qué.
Partimos de la base de que es necesario arrepentirse de nuestras malas acciones y pedir perdón a los que dañamos con esas actitudes.
La primera opción sería arrepentirse de algo que no se ha hecho, lo que significaría haber vivido con miedo sin arriesgarnos a que algo nos salga mal, y eso podría ser un error que no nos perdonemos a nosotros mismos en toda nuestra vida.
La segunda opción sería arrepentirse de algo que se ha hecho pero no ha salido como esperamos (siempre y cuando no haya sido una mala acción que haya dañado para otras personas, porque eso, como hemos dicho unas líneas arriba, sería una acción de la que deberíamos arrepentirnos). Esta segunda opción me convence mucho más que la primera porque significará que al menos nos habremos arriesgado y lo habremos intentado, por lo que habremos tenido muchas posibilidades de éxito en ese intento.
En algunos casos me gusta, incluso más que la segunda opción, una tercera que sería no arrepentirse (teniendo en cuenta la base de la cual hemos partido), lo que implicaría ser consecuentes con nuestros actos y, aun siendo conscientes de que no salió (o no lo hicimos bien), mirar hacia delante tratando de que nos salga bien a la próxima dejando de lado el miedo.
Se debe vivir aprovechando cada segundo que nos ofrece la vida como si fuera el último. Me encanta la nueva canción de Melendi y Carlos Vives, “El arrepentido”, donde nos dicen: “Despierta, con cada segundo que pasa se cierra una puerta, en cada mirada perdida se muere un paisaje, que cada momento que vuela no vuelve, despierta”. Hablan de cosas importantes que os quiero transmitir con este artículo, pues el dinero, las cosas materiales van y vienen, pero literal, el tiempo es lo único que no vuelve y, como se suele decir: “el tren solo pasa una vez”, o sea que las oportunidades que se nos presentan debemos saber aprovecharlas sin miedo y con toda la actitud. Todo esto con la finalidad de no arrepentirnos en el futuro de algo que no hicimos o de una oportunidad que no tomamos.
Me gustaría contaros mi experiencia, y en mi caso, no me arrepentí porque no abandoné pero estoy segura de que me hubiera arrepentido en lo más hondo de haber abandonado. En agosto de 2014, me fui a cursar mi tercer año de carrera, Negocios Internacionales, a Nijmegen (Holanda), o como decimos en España, a hacer mi año Erasmus. La verdad no iba muy convencida, antes era una persona un poco miedosa y con aversión al riesgo, yo no quería salir de mi zona de confort (cabe decir que nunca antes había salido de España, mi queridísimo país, y que siempre había vivido en casa de mis padres). A estos sentimientos negativos, se sumaron una serie de malas experiencias nada más llegar Holanda, que voy a contaros a continuación.
Para empezar y nada más llegar, Nijmegen nos recibió a mí y mis dos compañeros lloviendo a mares en pleno agosto, cosa que me deprimió bastante (aunque tendría que acostumbrarme a vivir todo el año con este tiempo, que es el típico holandés). Acto seguido se me rompió la maleta grande de camino al hotel, después me perdí en la ciudad y estuve unas dos horas en la calle sin encontrar a mis dos compañeros (con las dos maletas y una bici acabada de comprar) y, para finalizar, al día siguiente cuando me mentalizaba para vivir un día nuevo lleno de cosas buenas, fui a abrir el cuarto de mi residencia pero me habían dado la llave equivocada, lo que me desesperó todavía más. Ante estas actitudes (que a lo mejor vistas desde fuera parecen una chorrada pero que a mí me afectaron bastante) y después de planear mentalmente desde la Universidad lo que les diría a mis padres por teléfono, los llamé llorando y les dije que quería volver a España, que me cogería un vuelo al día siguiente porque ni siquiera había deshecho mis maletas, y además, que como mi carrera no se podía terminar si no residía un año en otro país, me cambiaría a otra, y así, solucionado el problema. Para mi desolación, mi madre me contestó diciéndome que no, que no iba a volver a casa, que ahí me quedaría y que tenía que poner más de mi parte para superar las adversidades. Mi padre (y quienes ya lo conocen saben perfectamente a qué me refiero) le quitó en ese instante el teléfono a mi madre y me dijo como buen español: “Verónica, le tienes que echar huevos, sino Holanda te come” y se reiteró en que no volvería a casa. Y así fue como pasé todo el año en Holanda, conocí gente genial y viví experiencias maravillosas, además conocí a mi novio, Emanuel, que es lo más grande que me ha pasado. Sí, no me avergüenzo de decir que mis padres fueron las personas que me impulsaron a seguir para que yo pudiera conseguir mis sueños, aunque en realidad debería haber sido yo misma la que me impulsara. Y digo, con total seguridad que, si yo me hubiera vuelto en ese instante a España, me hubiera arrepentido toda mi vida porque, viéndolo con un poco de calma y en el tiempo, no hubiera vivido ese año tan genial y que tanto me enseñó, y lo más importante, no habría conocido a Emanuel.
En definitiva, creo que Dios estuvo ahí siempre y él fue quien nos puso en el camino para que coincidiéramos, porque solo él puede hacer que coincidan un mexicano y una española en una ciudad tan pequeña de un país tan pequeñito y que la cosa  siga funcionando.
Lo que quiero decir es que actuéis, que hagáis las cosas, que os arriesguéis, que viváis sin miedo. No se puede vivir la vida esperando que las cosas te lleguen de la nada, se ha de luchar por nuestras metas, para lograr aquello que queremos, porque de lo contrario, puede que nos arrepintamos siempre y no nos lo perdonemos nunca.
Me viene a la mente la frase del maestro Yoda: “Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”, pues mi interpretación a esta frase es sencilla: si lo haces, que sea con todas tus fuerzas, poniendo todo tu empeño en que salga como deseas; no lo intentes porque desde el momento en que tu mente asimila que solamente lo está intentando es porque se plantea esa mínima posibilidad de que salga mal, y ese es el momento en el que puede fallar. Por tanto, si lo haces, que sea enfocándote en el resultado positivo que lograrás; con ello, aumentarás tus probabilidades de éxito.
Pero ¡ojo pestaña!, como digo yo. Esto no quiere decir que las cosas se hagan a loco, es decir, que no se piense en las consecuencias o repercusiones de nuestras acciones o que se hagan las cosas que sabemos desde un principio que están mal, porque de esas, puede que más adelante debamos arrepentirnos. Obviamente, con este artículo no doy carta blanca a hacer lo que se quiera, animo a actuar y a arriesgarnos, pero por cosas que sabemos que son buenas para nosotros y para los demás. De esta forma, no nos arrepentiremos porque lo habremos intentado con todas nuestras fuerzas.
¿Eres arriesgado o no tanto? ¿Qué opinas de este tema? ¡Te animo a que dejes tus comentarios en este post, sin miedo!

 

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