Nuevos propósitos: poner primero lo primero

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Nuevos propósitos: poner primero lo primero

A través de los años he quedado convencido de que la clave para la felicidad y el éxito se encuentra en hacer propósitos de año nuevo. El método exacto puede variar, pero sin duda el más efectivo parece consistir en dedicar una tarde a escuchar de forma cuidadosa los mejores consejos de los expertos y celebridades, sentarse a escribir una lista con sus 10 o 20 recomendaciones principales y, una vez terminada, dedicar los siguientes 365 días del año a hacer exactamente lo contrario.
La razón para esto se puede resumir lo que C. S. Lewis llamaba “el principio de las primeras y segundas cosas”; “En cualquier área de la vida, poner las segundas cosas primero hace que se pierdan no solo las primeras cosas sino también las segundas -y poner las primeras cosas primero gana no solo las primeras, sino que aumenta las segundas”¹.
La sociedad del siglo XXI parece haber olvidado este simple principio -y de ahí se deriva un número inmenso de sus males. El hombre moderno gasta el grueso de sus ahorros en un curso para tornarse millonario, mientras el millonario moderno gasta el grueso de sus ahorros en psicólogos que le convenzan de no lanzarse del Empire State. No es poco común que un profesionista de hoy pase días en desvelo y harto estrés ante la posibilidad remota de que su empresa pierda mercado -mientras al mismo tiempo no sienta la mínima agitación ante la certeza más grande de todas: que hemos de morir y que al mercado irá a caer todo lo que posee.
El problema en el mundo actual es que se da más importancia a lo secundario y menos a lo primario -que para el hombre moderno lo terreno se encuentra en una posición más alta que los cielos mismos. La explicación, en palabras de Chesterton, es muy simple; el hombre de hoy se encuentra parado sobre su cabeza. Pero una vez que se ha puesto de nuevo de pie, simplemente lo sabe.
Poner primero lo primero es lo más práctico que se puede hacer en esta vida, y coincidentemente, el único propósito que las celebridades de la televisión consistentemente ignoran. El ejemplo más notorio de esto sucede en el amor; es bien sabido por quienes lo viven que la receta secreta para un noviazgo (o matrimonio) inimaginablemente infeliz no es otra que enamorarse de alguien sin haberse enamorado antes de Dios. En palabras de un autor; “casi inevitablemente, un hombre y una mujer encariñados el uno con el otro -pero que no conocen a Dios- esperarán que el otro le brinde la felicidad que solo Dios puede dar: la satisfacción plena de cada uno de sus deseos más profundos. Naturalmente ninguno obtendrá lo que quiere, y la tendencia será entonces a sentirse resentidos; como si el otro hubiera hecho una promesa que no cumplió -y el resentimiento crece, mientras cada uno se agota los recursos del otro, y el vacío de cada uno se convierte para el otro en una pesadilla más oscura con cada día que da vuelta a la hoja”².
Tratar cualquier cosa en esta vida como si fuera Dios no solo hace que nos perdamos de Dios, sino que hace que perdamos también cualquier gozo que en ella podríamos encontrar. El problema de los propósitos típicos de año nuevo no está en que se hagan y no se cumplan, sino en que aún cumpliéndose, lo más importante se queda sin alcanzar.
Se han escrito muchas historias sobre lo cómico que sería ver el mundo al revés; y en nuestra sociedad realmente lo es -como cómico es ver a alguien que ve la luz del sol por primera vez. Cuando Cristo en un momento simbólico dijo que los últimos serían los primeros, lo dijo también pensando en la sociedad de hoy; donde los últimos en adelgazar serán tal vez los primeros en la Santidad. Pues estrecha es la puerta que lleva a la salvación -y grande es el costo de las membresías del gym.
 
¹(C.S. Lewis, “Primeras y segundas cosas” en Dios en el Banquillo. Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1970, pp. 278-81)
²Frank Sheed, Sociedad y sensatez (1963). Herder-Barcelona.

 

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